Fundación Observatorio PyME. “Más allá de la pandemia, el trabajo remoto como nuevo paradigma”

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El período de relevamiento se comprende entre el 15 de septiembre y 18 de octubre. La base de respuestas es representativa y está compuesta por empresas y emprendedores que conforman la base de trabajo de los estudios de FOP, construida con representatividad del universo de empresas en el país, tanto a nivel regional, como sectorial y por tamaño.


En el relevamiento previo llevado a cabo por Fundación Observatorio PyME (FOP) entre 1.700 empresas de todo el país y diversos sectores, el quinto de la serie del Programa de Investigación Coronavirus: Impacto sobre las PyME, producción y empleo, 57% de las empresas declararon que implementarían teletrabajo entre parte o todo su personal antes de fin de año, en el marco de las estrategias posibles para sobrellevar las nuevas condiciones impuestas por la pandemia.

Los datos por sector, región y dimensión de firma mostraban la diversidad de situaciones y, por tanto, la desigualdad entre distintos sectores, territorios y tamaños. Servicios contaba con muchas mayores posibilidades que su extremo opuesto.

Es importante tener en cuenta que, en relación a otras opciones para mantener la empresa operativa (infraestructura interna y equipamiento del personal de acuerdo a los protocolos, costos del transporte privado, etc.) la estrategia del trabajo remoto puede resultar más barata. Los nuevos datos recabados por FOP muestran que la pandemia ha impactado sobre la organización del trabajo en forma más permanente: el trabajo remoto asoma como un nuevo paradigma laboral. No se trata de un cambio
marginal, sino de un cambio radical, que concierne desafíos para la modernización de la gestión interna de las organizaciones, así como plantea una tensión entre el camino hacia el dualismo productivo o la posibilidad de la convergencia en el futuro.

La investigación realizada por FOP muestra que la situación y el comportamiento de las empresas, con hasta 800 ocupados durante la crisis del COVID-19, se caracterizan por la conformación de dos grandes grupos polares. Con aproximadamente el 40% del total de estas empresas cada uno. Estos grupos se denominarán “dinámico” y “estático”, respectivamente.

El grupo “dinámico” (38% del total de empresas con hasta 800 ocupados) está compuesto predominantemente por firmas de mayor dimensión, con mayor grado de operatividad, con menor presencia de personal completamente inactivo, con mayor participación de los sectores del Agro y Servicios y localizadas en la región Centro. Las empresas de este grupo adoptaron y adoptarán más trabajo remoto que el promedio y declaran impactos más difundidos por la adopción de la modalidad de trabajo remoto en todas sus actividades de gestión. Por último, las empresas de este grupo han visto crecer su facturación nominal entre agosto 2019 y agosto 2020.

En el otro extremo (37% del total de empresas hasta 800 ocupados) queda conformado un grupo “estático”, con mayor presencia de empresas de los sectores de Construcción, Comercio e Industria Manufacturera y localizadas
predominantemente en regiones como AMBA y Sur. Además, las empresas son de menor dimensión, con mayor presencia de firmas no operativas y de staff totalmente inactivos. En este grupo se halla también menor adopción
actual y previsión futura de trabajo remoto y más empresas que en general no vieron aumentar la facturación o directamente experimentaron una disminución.

El restante 25% de las empresas del segmento se dividen en tres pequeños grupos no muy diferentes entre sí, por sector, tamaño, región, grados de operatividad y actividad de su personal, y adopción del trabajo remoto. De acuerdo al sexto relevamiento llevado a cabo por FOP entre el 15 de septiembre y el 18 de octubre, 65% de las empresas de hasta 800 ocupados adoptó y/o adoptará la modalidad de trabajo remoto, ya sea en forma parcial o total.


A nivel sectorial, siguen reproduciéndose las divergencias observadas meses atrás, que responden a las características tecno-organizativas de los propios procesos productivos. El 82% de las firmas de Servicios ya ha
adoptado el trabajo remoto o bien lo adoptará durante el próximo año, mientras que en las actividades primarias y la construcción sólo el 49% y 55%, respectivamente, trabajan con la nueva modalidad o lo harán en el futuro próximo.

Regionalmente, AMBA y Centro (territorios mejor posicionados en infraestructura, condiciones de vida, riqueza) presentan un 70% y 65% de empresas, respectivamente, que adoptaron o adoptarán trabajo remoto.
Es necesario resaltar también que en AMBA (seguida por la región Centro) hay una mayor presencia relativa de prestación de servicios profesionales y a la producción posible de desarrollarse fuera de los establecimientos y
oficinas (así como de empresas de Comercio, aunque en menor medida).

A nivel dimensional, se aprecia la asociación positiva con la adopción de la nueva modalidad: entre las empresas MEG (251 a 800 ocupados) la difusión del trabajo remoto es 50% superior al extremo opuesto, las microempresas (menos de 10 ocupados). No obstante, entre las firmas pequeñas (10 a 50 ocupados) la situación no es muy distinta a la de las micro.

Las estadísticas de FOP muestran que las empresas con menor proporción de personal inactivo, son al mismo tiempo las empresas con mayor propensión a utilizar el trabajo remoto, mostrando de este modo que su
implementación no es simplemente una solución coyuntural para superar la crisis sanitaria.

Para analizar el fenómeno con mayor profundidad, FOP consultó a las empresas que adoptaron y/o adoptarán el trabajo remoto sobre su situación previa y durante la pandemia, así como también su previsión para el año
próximo 2021. Un primer estudio del conjunto de casos arroja evidencia en línea con lo hallado por estudios en otros países: la correlación entre la adopción actual y la prevista para 2021 es positiva y elevada, mayor a las correlaciones entre la situación previa y la actual y entre la situación previa y la prevista para el año próximo. Es decir, la situación pandémica (medida a octubre 2020) se vincula fuertemente con la práctica del trabajo remoto en el futuro.

En términos de costos, el impacto que mayor difusión alcanza entre las empresas de hasta 800 ocupados de todo el país con la adopción de trabajo remoto es el mayor costo en infraestructura tecnológica, para un 36% de estas firmas. Le sigue la reducción de costos operativos (excepto alquileres), que alcanza al 30%. Mayores costos a causa de equipamiento y gastos del personal sólo son previstos por un 25% de las empresas y un 17% espera específicamente una reducción en los costos por alquileres inmobiliarios. De todos modos, el 29% no considera que impactará de modo alguno sobre sus costos.

En términos del impacto esperado sobre la gestión interna, los efectos más difundidos son la mayor planificación de actividades que requerirá la implementación de la nueva modalidad, una mayor evaluación por objetivos del desempeño del personal y una mayor autonomía de éste para llevar a cabo sus funciones (56%, 51% y 39% de las empresas con trabajo remoto, respectivamente). En el otro extremo, que el nuevo paradigma se convierta en un obstáculo para la contratación de personal o que
eleve el riesgo de conflicto laboral es una preocupación para menos del 15% de estas firmas.

Los dos grupos que prevén impacto (positivo o negativo) son muy diferentes entre sí. El grupo conformado por las empresas que prevén impacto positivo sobre la productividad (19% del total de empresas con adopción de trabajo remoto) está conformado mayormente por empresas operativas y con poco personal inactivo, además no prevén dificultad para contratar nuevo personal y tampoco dificultades para reclutar personal de otras regiones, además confían en el desarrollo de mayor autonomía del personal a través del trabajo remoto y también esperan menores
costos de alquiler y otros costos operativos. Por el contrario, el grupo de empresas que prevén impacto negativo sobre la productividad (otro 19%) está conformado mayormente por empresas no operativas, con importante
proporción de personal inactivo, con una visión pesimista sobre la evolución de las relaciones con el personal y los costos: dificultades para contratar y dificultades para reclutar en otras regiones, menor autonomía del personal y ninguna disminución de costos de alquiler y otros costos operativos.

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